Pienso que cada uno encuentra su infierno. Una manera de condenarse uno en el ostracismo. La vida, el ritmo de la vida moderna, conlleva permanecer en movimiento continuo. Como escritor creo contribuir a mi infierno particular cada temporada en que dejo de escribir. Me descubro en falta de índole moral, que la más de las veces, me deja postrado, anímicamente sufriendo por tal falta. Por lo tanto, lo mejor para mejorar mi salud ética, es escribir aunque sean estas líneas, y de cuando en cuando aspirarlas lentamente, en un rito que se repite una y otra vez.
Sin más, confieso la permanente lucha que libro con los demasiados libros. Con el tema del Libro. Como comprador compulsivo creo tener una experiencia significativa con mi enfermedad crónica que nombro como el arte de comprar libros.
Veamos con minuciosidad: la gente común y corriente tiene la falsa idea de que los libros son muy caros. Es decir, que su valor en el mercado sobrepasa el bolsillo del pueblo. Pero, yo que tengo una colección mediana de libros de la editorial española, Atalanta, sé de lo que hablo. Vaya un ejemplo: hace como seis meses, adquirí la Obra completa de Arthur Rimbaud, en éste elegante sello editorial comandado por el exquisito personaje que es el señor Jacobo Siruela. El libro en cuestión tuvo un costo de novecientos pesos mexicanos. O sea que, en apariencia, es un libro costoso para la economía de un mexicano de clase media. Un libro que solo, en apariencia, no cualquier lector puede darse el gusto de comprarlo, pongamos el ejemplo de un universitario que frecuentemente tiene la posibilidad (no la única como ya veremos) de fotocopiar los libros que ha de utilizar en x materia. Así pues analicemos el asunto a detalle.
Esta bella edición del poeta simbolista francés contiene más de 1,500 páginas numeradas. Aplicando una sencilla operación matemática, (una simple división), tenemos que el costo por cada par de hojas es de un peso con veinte centavos. Ahora, una fotocopia en un gran centro de fotocopiado tiene un costo mínimo de cincuenta centavos, por lo que dos copias o un par de hojas cuestan un peso –teniendo en cuenta que debido al diseño y dimensiones de nuestro libro, cada página se traduce en una fotocopia-, así pues el alto costo de un libro de estas características, es tan relativo, y aún hay más: el libro de Siruela está constituido por más de setecientas hojas de papel biblia frente a un libro fotocopiado en hojas comerciales de papel bond de 75 gramos. Ahora estamos comparando la calidad alta frente a otra modalidad supuestamente económica.
Entonces, para abreviar, yo les pregunto a quienes se escandalizan por el costo altísimo de los libros, lanzando el grito hacia el cielo, ¿Por qué preferir comprar un libro editado en un papel de mediana calidad, en el mejor de los casos, unido por pegamento y con tapas rústicas en lugar de hacer una inversión inteligente en un libro con tapas duras, con papel de la mejor calidad y bellamente diseñado o ilustrado, amén de estar cosido entre otros detalles y dependiendo más del carácter de cada edición.
Recuerda, lector, que Dios está en los detalles.
Aunque también comprendo, y soy capaz de justificar un poco a los lectores que consumen libros de baja calidad editorial, aunando el panorama paupérrimo que atraviesa el ámbito de la cultura en nuestro país, y por ende la edición de libros, exhorto, ya para acabar, a la comunidad de lectores activos que, la próxima vez que estén a punto de invertir en un libro lo piensen mejor, ya que los libros, aparte de ser un bien para el cultivo de las almas y del espíritu, también son productos del mercado económico.
Y qué mejor que realizar una buena adquisición en un libro valioso, en todos los sentidos, que en un artículo que, en caso de aprieto, no nos sacará del atolladero a menos que pongamos a la venta una biblioteca mediocre. ffffff